09/30/2009 (7:00 am)
Meaning of life
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Google sabe todo pero no por eso la curiosidad supera la pereza que, a veces más a veces menos, nos caracteriza. Algunos me preguntaron por qué Monos Infinitos, otros lo captaron al vuelo, algunos sólo se rieron de la foto. De las tres opciones quizás la más sana sea la última, no lo sé.
El teorema de los monos infinitos fue uno de los primeros intentos en la creación de contenido automático en el cual un número infinito de monos escriben un tiempo infinito, lo que en teoría tarde o temprano debería producir la obra completa de Shakespeare, estrategia que más adelante sería conocida como Internet.
Según Wikipedia:
En 2003, científicos en Paignton Zoo y la Universidad de Plymouth, en Devon, Inglaterra, reportaron que dejaron un teclado de computadora en la jaula de seis macacos durante un mes. No sólo los monos no hicieron más que producir cinco páginas consistentes en una larga serie de la letra S, sino que comenzaron a atacar el teclado con una piedra y siguieron orinando y defecando sobre él.
Algunos lo discuten pero mi teclado asegura que llevo ventaja sobre los seis monos. Por otro lado, al preguntar si alguien quería salir a tomar una cerveza, los encuestados afirmaron que preferirían pasar la tarde con los monos. Punto para ellos.
Este es el documento producido por el mencionado grupo escritor. Probablemente tenga más descargas que todas mis presentaciones en nicolasb.com.ar. Punto para los monos.
Empecé este blog hace no más de cinco entradas y sólo una historia atrás. La intención era, es, obligarme a mi mismo a publicar historias que escribiría de cualquier forma, pero que hubiera desechado al completar un cuaderno. Así es, hace rato llevo un “blog” en formato no electrónico que guardo en una papelera de reciclaje no electrónica cuando completo.
Me llena de orgullo haber tenido una reacción tan positiva con la primer historia publicada. De hecho me llena de orgullo haber tenido reacción, no importa si positiva o negativa, considerando que en mi otro blog escribo sobre temas en los que tengo mucha más experiencia que la narrativa y aún así la primer semana de vida de Monos Infinitos superó la cantidad de visitas y comentarios de la otra página.
Gracias a todos!
Termino ahora la historia que dejé por la mitad el fin de semana sobre como conocí, por así decirlo porque en verdad nunca llegué a conocer, a Paublina, una persona que me encontró por un mensaje de texto equivocado.
El tiempo pasó y aunque no puedo decir que nuestras conversaciones hayan sido particularmente significativas y profundas, o demostrativas de alguna característica en particular de la personalidad de mi nueva amiga, comencé a sospechar que no se trataba de un ardid de mi hermana sino de una persona real, alguien con una severa deficiencia para escribir utilizando un teléfono, y no me refiero a la deficiencia de escritura que es tan común en adolescentes (y algunos adultos boludones también) sino a una persona con verdaderas dificultades para redactar una oración con más de tres palabras.
El ejercicio de inventar nuevas faltas ortográficas daba como resultado mensajes del estilo “mañanana bas a trabaja tenprano” que con el tiempo se volvieron un sublenguaje castellano deformado. Mi paciencia no duró mucho más y me vi obligado a preguntar “pero es que sos disléxica?”.
Sospecho que nunca comprendió el significado de ese mensaje y ya no recuerdo que me respondió. Si recuerdo haber pedido prestado un teléfono para llamar al número del que hacia tanto tiempo me llegaban los mensajes, dispuesto a resolver de una vez por todas el misterio de Paublina aunque tuviera que escuchar del otro lado la risa victoriosa de mi hermana y todo un grupo de quinceañeras regocijándose por el triunfo de su paciencia.
Se hizo un silencio absoluto en la habitación entre el comienzo del tono de llamada y la voz que del otro lado respondió “hola”, esta vez quizás con hache. No sé a quien esperaba encontrar pero una persona real fue lo último en que pensé. Atendió, por la voz, una señora mayor. Parecía superar los sesenta años. No tuve tiempo de tomar nota del acento de Paublina, o de ninguna otra característica que la voz pueda delatar, y hoy no sé si cumple las expectativas del personaje que había imaginado. Corté sin decir nada con una mezcla de culpa y pena por la señora que me creía Manuel.
En los días que siguieron recibí otro mensaje que esta vez decidí no contestar. Fueron varios en verdad y luego de cada uno me propuse llamar y explicar la tragicómica situación, cosa que nunca me animé a hacer. Con el tiempo los mensajes fueron reduciendo su frecuencia y me creí libre de una vez por todas.
Claro, la historia no terminó ahí sino que recibí un último mensaje de Paublina algunas semanas después. No recuerdo bien qué decía pero explicaba que me necesitaba, no a mí sino a Manuel, en la casa porque hacía varios días estaba sin luz. Imaginé entonces una pobre viejita, congelada en medio del invierno, sin comida porque la heladera ya no andaba, sin pilas para escuchar el noticioso por radio AM, gritando desde la ventana “Manueeeeel… Manueeeeeel”.
Me ganó la desazón y tuve que llamar para explicar que yo no era Manuel, que pensé que toda la historia, desde el primer mensaje, se trataba de una broma, que no tenía la menor idea de quien era ella. El tono de llamada sonó una vez más, esta vez en mi teléfono aunque en realidad no era yo quien hacía la llamada. En seguida atendió Paublina, la persona real otra vez.
Fue una conversación breve y la verdad me desilusionó un poco. No hubo explicaciones, presentaciones y preguntas, risas o lagrimas. Sólo una frase, número equivocado, y Paublina fue quien cortó rápidamente está vez. Cortó y me quedé sin preguntar ni explicar más nada, pensando en lo que Paublina diría a Manuel la próxima vez que se vieran.
Visto por la Interné:
yo estudio literatura en la unibersidad
Ahhh la ironía. Gracias a todos los que mandaron mail por la primer parte de Paublina, mañana la segunda y última parte de la historia.
Voy a dedicar este texto a alguien que jamás va a leerlo, alguien que ni siquiera conozco en persona aunque hablé con ella más de una vez. Estoy hablando de la persona que conocí por error y por SMS, de Paublina.
Hace mucho tiempo, mientras trabajaba, recibí en mi teléfono un mensaje bien simple. Sólo decía “ola manuel soy paublina”. Sin más que eso comenzó mi affaire por mensaje de texto con una persona que no conocía. Ella a mi tampoco, aunque me creía alguien llamado “Manuel”. Claro, hice lo mismo que cualquiera hubiera hecho, lo ignoré. ¿Quién no recibió alguna vez un mensaje de texto por error? Quién no pensó alguna vez, ¿qué pasaría si respondo?
La segunda vez el mensaje tenía algo más de contenido. Decía “ola manuel que pasa ya no me respondes”. Por supuesto, en la revancha decidí tomar la oportunidad de encontrar la respuesta (la segunda, qué pasaría si respondo, de la primera ya imaginaba la respuesta).
Aprovecho para aclarar con una pausa que lo que dice el mensaje no es del todo exacto, esto paso hace un buen tiempo ya, pero trato de respetar lo más posible el estilo de escritura y las faltas ortográficas. Tengo la sospecha también, nunca confirmada, que el nombre de mi interlocutora era en realidad Paulina pero, ¿quién soy yo para contradecir?
La forma de escribir me hizo sospechar que toda la situación se trataba de una artimaña muy posiblemente orquestada por mi hermana, en venganza por algún broma que ya no recordaba, pero la distancia entre mensaje y mensaje, había transcurrido más de un mes, señalaba una perseverancia que, sospechaba, no le correspondía. Imitando el estilo contesté “ola paublina como andas tanto tiempo que es de tu vida”.
Comenzó entonces un ida y vuelta de mensajes, generalmente con espacio de un par de días entre cada uno, con una persona que yo creía mi hermana y ella a mi Manuel. Como no entendía todavía la intención de la broma “seguí la corriente”, intenté sonsacar algo de información que me permita imaginar el personaje que alguna mente malévola había creado con el fin de reírse a costa mía (perdón hermanita!). Si bien la falta de tildes impide imaginar un acento siempre leí nuestras conversaciones con una tonada centroamericana, el andas con silaba tónica “an”, no andás con tonada porteña. No sé porque.
En las semanas sucesivas me fui enterando varías cosas de Paublina, del personaje que yo creía Paublina. Trabajaba casi todo el día cocinando en un hotel, vivía lejos de capital, se levantaba todos los días a las seis y se dormía tarde en la noche. Me enteré varias cosas de Manuel también, un viejo amigo de Paublina, quizás un familiar por el “tono” de sorpresa en la respuesta cuando pregunté cuando nos volvíamos a ver. Es obvio en retrospectiva pero la parte más difícil de impersonar a Manuel no era hablar con Paublina sino llegar a conocer un personaje que yo creía inventado por otra persona que también creía inventada (¿con qué fin?) sin dar a entender que, en realidad, no tenía la menor idea de quién era Manuel ni sabía quién era Paublina.
Terminé por enterarme quién es Paublina un tiempo después pero como la historia se me está haciendo larga voy a dejar la edición de la segunda parte para la semana que viene, hasta entonces queda la intriga por resolver (y escucho teorías de los que quieran enviar alguna).
Los artículos que uno lee en la blogosphera indican que en esta era Web 2.0 existirán más blogs que personas, los seres humanos vivirán exclusivamente de las ganancias generadas por sus cuentas Ad Sense y los autos voladores, así como los robots humanoides inteligentes, están a la vuelta de la esquina. No puedo construir robots humanoides, autos voladores o ganar un peso con mi cuenta de Ad Sense (literalmente, ni uno solo) pero decidí que puedo contribuir a la estadística de “más blogs que personas” con monosinfinitos.com.ar, mi segundo blog.
El primero, nicolasb.com.ar, tiene un objetivo exclusivamente profesional, allá publico todo tipo de desvaríos de índole técnica. Algún extraño e incomprensible motivo hace que no todo el mundo sea fanático de C++, la consola de Linux y Vim, por lo que decidí comenzar este blog donde también publicaré desvaríos y sinsentidos pero ahora de índole personal, más accesible a los que solo quieran comprender un poco mi locura.
Si mi primer blog tiene un esquema de actualizaciones regularmente impredecibles este no será la excepción, voy a publicar algo cuando esté más o menos inspirado y aunque posiblemente ni siquiera el crawler bot de Altavista se digne a leerlo, lo que escriba quedará para siempre olvidado en los archivos de la Interné.
Estadísticamiente existe la posibilidad de que por error, alguna vez, escriba algo interesante, o eso dice el teorema de Shakespeare y los monos infinitos. Soy uno solo, la probabilidad es más baja, pero para averiguarlo tendrán que leer los próximos posts.
Bienvenidos a Monos Infinitos.
– If you had a million Shakespeares, could they write like a monkey?