11/10/2009 (7:00 am)

Invasión

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Debo aclararlo. Los hechos de esta historia están basados en la realidad. En un sueño, en una pesadilla… es más o menos lo mismo. Porque, hablando de pesadillas, bastante común es despertar sobresaltado de una. Todo el mundo se encontró, al menos una vez, súbitamente sentado en la cama, el sudor frío corriendo por la espalda, la mirada clavada en el vacío de la oscuridad y un miedo irracional que solo la luz de un velador puede disipar.

Pasada la niñez los espantos que violentamente nos arrancan de los sueños suelen desaparecer al despertar; pocos somos los que podemos asegurar haber dejado el mundo de lo onírico por culpa de un pavoroso y terrorífico monstruo feroz, una aparición trasladada al plano de lo real, persistente en su existencia aún luego de ahogar la oscuridad de los rincones con el resplandor de un fósforo. Para los menos convencidos, deberán concederme, al menos, que ese número es bajo entre los cuerdos. Por supuesto, la cuestión tampoco radica en que me jacte de serlo sin embargo esta vez hay testigos. Si me siguen, explico.

Transcurría la noche del veintitrés de mayo, fecha de mi cumpleaños número veintitrés. El azar había guiado los acontecimientos de la velada a concluir mejor que lo que el mejor plan podría haber previsto; la penumbra cubría las habitaciones de la casa, vacía luego de la cena. En medio de una noche tranquila, pasadas las cinco de la mañana dormía profundamente aún bajo el efecto de algunas copas de vino que había tomado poco antes. La paz más absoluta reinaba en el silencio de las habitaciones, una quietud que ni siquiera los autos de la avenida se atrevían a desafiar.

La armonía de la noche en su camino hacia la madrugada se vio interrumpida por un momento cuando noté a mi lado una luz prendida. Comencé a escalar los muros que la pesadez nocturna construyó a mí alrededor, tarea que una ligera embriaguez aún me dificultaba. Cuando finalmente me vi lo suficientemente lúcido pregunté a J, quien hasta entonces dormía con tranquilidad a mi lado, qué motivaba tal interrupción, bochornoso agravio de haber invocado al fulgor de una miserable lámpara de veinticinco watts. Sobresaltada me contestó que había escuchado un ruido, una aparición siniestra que entre las tinieblas creyó notar, un extraño movimiento en la habitación. “No es nada” creo haber dicho, seguro de mi mismo. Después de todo ¿qué, quién, podría atreverse a faltar el respeto al sosiego nocturno?

A la luz de un velador que a duras penas llegaba a iluminar nuestras caras recorrimos la habitación con la mirada, forzando la vista al estudiar cada rincón de la habitación. Ella segura de adivinar una forma en cada sombra, yo seguro solamente de la insistencia con que el sueño, nuevamente, me reclamaba. Terminamos por apagar la luz al no encontrar rastros del misterioso ente, nos volvimos a acostar sin poder encontrar la causa de la interrupción a nuestros sueños con la vana esperanza de que, fuese lo que hubiese sido, no se vuelva a presentar.

Poco duró la serenidad una vez más impuesta por las sombras. Instantes después se escuchó nuevamente un ruido, sonido que ahora yo también había conseguido percibir a escasos metros de donde dormíamos, casi al pie de la cama. Desconozco si J lo escuchó o no, está vez fui yo quien declaró haber advertido un rumor extraño a la noche que me tenía acostumbrado a dormir en silencio, una presencia ajena al mobiliario del cuarto. Me senté en la cama y comencé a interrogar las sombras que nacían de la ventana, buscando una respuesta que justifique el malhumor creciente de ser despertado por segunda vez. J prendió el velador y se sentó, intranquila una vez más, aunque tengo la sospecha de que mi explicación y mi calma nunca habían llegado a convencerla del todo.

Se prendió la luz, está vez no volvería a apagarse, el intruso sería finalmente descubierto.

Para agregar algo de misterio, la identidad del intruso quedará oculta hasta terminar la revisión de la segunda parte (un par de días, no más) que, adelanto, es un giro de 180° en la historia. Hasta entonces, y como la última vez, se escuchan teorías sobre el misterioso personaje.

4 Comments

November 10, 2009 @ 10:43 am #

Para mi era una cucaracha haciendo la ronda nocturna reclamando un lugar en la cama.

November 10, 2009 @ 10:53 am #

jajajaja
me acuerdo de esa noche… :S

November 10, 2009 @ 11:04 am #

@Leo
Ojalá!

@Ivy
Si, esa es la segunda parte

November 13, 2009 @ 12:33 am #

[...] nuestra historia la última vez con una luz encendida y bastante misterio por la identidad del intruso nocturno que una vez más [...]

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