No pienso escribir sobre la fiebre mundialista, todos saben ya que no me gusta y no voy a aportar OTRO texto más sobre lo mismo, pero como este post toca el tema tangencialmente no me queda otra opción más que hacer referencia.
El otro día, cuando argentina jugó un partido por la mañana temprano, me levanté bastante más tarde que de costumbre. A las 10 recién estaba por el centro, caminando por una calle Florida que más se parecía a la de las tres de la mañana que a la del comienzo de la jornada. Había gente, eso sí, lo que no había era movimiento. De no haber visto en minutouno que el partido ya había empezado seguro hubiera creído que se trataba de una plaga zombie (y la última vez no terminó bien eso). Toda la gente que habitualmente camina caracúlica hablando por teléfono y esquivando a otros caracúlicos tele-adictos, ese día se encontraba, inmóvil, en las vidrieras, mirando la tele.
Mi desagrado por la televisión es motivo de otro post, ahora sólo comento que, con la peatonal cubierta en su totalidad por zombies teleadictos no quedaba más espacio para caminar que un estrecho pasillo de 40 centímetros, entre la muchedumbre y la tele… como si fueran poco las miradas de horror que ocasiona una persona que no mira el partido, imaginense la posibilidad latente de un disturbio en florida y corrientes por alguien que tapa el televisor. Todo eso con mi cara de dormido.
Era un día de frío pero creo que llegué bastante transpirado a la oficina.
Share on Facebook