Cosa muy rara. La experiencia de ir al banco para mi siempre consistió en algo parecido a “criminal por una hora”. Largas colas de gente con cara larga en una oficina gris, generalmente en un sótano sin ventanas, acompañado por el “tac-tac” que hacén los sellos y las quejas de algún guardia de seguridad malhumorado porque alguien está usando el celular.
El otro día saqué mi cuenta en el banco y noté que eso no existe. El banco parece un bar, o un ciber café, es un lugar lleno de computadoras donde podés hacer todas las operaciones por internet, y si no entendés algo te ayudan. Necesitás hacer un trámite? Sacás un café en la máquina (gratis, claro) y esperas que se libere algún asiento en la barra. Te sentás a hablar con el cajero como si fuera el bartender.
De salida les pedí que me griten un poco, sólo para sentirme como en casa.
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