12/21/2011 (9:00 am)

Segundo año sin invierno: no, no se extraña

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  •  Hoy es el día más corto del año. El sol sale a las 9, 16.30 ya es de noche. Igual a veces está nublado y parece que el sol sale a las 11 y se pone a las 14.
  • Aparentemente en invierno la gente se pone triste porque con 2 o 3 grados, tienen frío. Yo me pongo triste porque quería -10 o -15. Estoy evaluando mudarme a la Antartida.
  • Este es mi segundo año (mas o menos…) sin verano. El verano austral pasado lo pasé en Canada, este en Holanda. No podría estar mas feliz, lo evidencia mi bronceado verde de monitor.
  • Ahora no es sólo el diario; veo que dice “Buenos Aires, feels like 32″ y después me fijo la temperatura acá. No, no extraño el calor ni un poco.
  • Feliz invierno!

10/19/2011 (7:00 am)

La verdadera razón

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Vieron esos edificios con parque? Sí los vieron, los hospitales, algunos museos, el observatorio del parque centenario… Vieron, en esos edificios, los carteles que prohíben abandonar mascotas? Seguro que también los vieron. Esos carteles no están ahí para evitar que el parque se llene de gatos, están ahí para evitar que se llene de viejas.

10/14/2011 (7:00 am)

Vincent

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Vincent Malloy siete años tiene,

Es siempre cortés y obediente.

Para su edad gentil y amable resulta ser,

Pero a Vincent Price se quiere parecer.


No le importa vivir con su hermana, perro y gatos,

Aunque preferiría compartir la casa con arañas y murciélagos.

Allí podría reflexionar sobre los horrores por él inventados,

Y deambular por oscuros corredores, sólo y atormentado.


Vincent es amable cuando lo visita su tía,

Pero, para su museo, en una estatua de cera la convertiría

Le gusta experimentar con su perro Abercrombie,

con la esperanza de crear un horrible zombie.

Así con su horripilante zombie-perro,

pueda en la bruma de Londres sus victimas buscar


No sólo sobre macabros crímenes son sus pensamientos,

Le gusta pintar y leer para pasar el tiempo.

Mientras otro niños leen a Robinson Crusoe,

El autor favorito de Vincent es Edgar Allan Poe.


Una noche cuando un macabro cuento se puso a leer,

Encontró un párrafo que lo hizo palidecer.

Noticias tan horribles sobrevivir no podría,

pues su bella esposa había sido sepultada viva.

Excavó su tumba para testimoniar que estaba muerta,

Sin saber que su madre en la tumba… tenía la huerta.


Su madre mandó a Vincent a la habitación,

Se supo desterrado a la torre de perdición.

Donde fue sentenciado a pasar el resto de sus días,

Sólo, con un retrato de su bella esposa desaparecida.


Solo y loco, confinado a su panteón,

La madre de Vincent irrumpió en la habitación.

“Si quieres puedes salir a jugar.

Esta soleado afuera y es un día espectacular.”


Vincent trató de hablar pero ni un sonido pudo articular,

Los años de destierro lo habían hecho marchitar.

Con una pluma garabateó sobre un cuaderno,

“por esta casa estoy poseído, jamás podré salir de nuevo”


Su madre dijo, “No estás poseído ni casi muerto,

Esos juegos los tienes todos adentro.

No eres Vincent Price, eres Vincent Malloy.

No estás atormentado ni loco, solamente un niño.”

“Siete años tienes y mi hijo eres,

Quiero ver como sales y te diviertes”.


Su enojo así calmado, por el hall salió,

Mientras Vincent hasta la pared lentamente retrocedió.

El cuarto comenzó a balancearse, a temblar y crujir

Su horrorosa locura comenzaba a surgir.


Vio a Abercrombie su zombie esclavo,

Y escuchó a su esposa desde la tumba llamarlo.

Desde su ataúd habló y realizó macabras demandas.

Mientras manos de esqueleto por las agrietadas paredes lo buscaban

Cada horror en sueños jamás visto,

Transformó en gritos aterrados sus alienadas carcajadas.


Para escapar de la locura, la puerta buscó,

Pero, débil y sin vida al piso cayó.

Su voz era suave y calmada,

Mientras citaba ‘El Cuervo’, de Edgar Allan Poe,

“And my soul from out that shadow that lies floating on the floor,

Shall be lifted – Nevermore!

Vincent Malloy is seven years old,

He’s always polite and does what he’s told.

For a boy his age he’s considerate and nice,

But he wants to be just like Vincent Price.


He doesn’t mind living with his sister, dog and cats,

Though he’d rather share a home with spiders and bats.

There he could reflect on the horrors he’s invented,

And wander dark hallways alone and tormented.


Vincent is nice when his aunt comes to see him,

But imagines dipping her in wax for his wax museum.

He likes to experiment on his dog Abercrombie,

In the hopes of creating a horrible zombie.

So he and his horrible zombie dog,

Could go searching for victims in the London fog.


His thoughts aren’t only of ghoulish crime,

He likes to paint and read to pass the time.

While other kids read books like Go Jane Go,

Vincent’s favorite author is Edgar Allan Poe.


One night while reading a gruesome tale,

He read a passage that made him turn pale.

Such horrible news he could not survive,

For his beautiful wife had been buried alive.

He dug out her grave to make sure she was dead,

Unaware that her grave was his mother’s flower bed.


His mother sent Vincent off to his room,

He knew he’d been banished to the tower of doom.

Where he was sentenced to spend the rest of his life,

Alone with a portrait of his beautiful wife.


While alone and insane, encased in his tomb,

Vincent’s mother suddenly burst into the room.

“If you want to you can go outside and play.

It’s sunny outside and a beautiful day.”


Vincent tried to talk, but he just couldn’t speak,

The years of isolation had made him quite weak.

So he took out some paper, and scrawled with a pen,

“I am possessed by this house, and can never leave it again.”


His mother said, “You’re not possessed, and you’re not almost dead.

These games that you play are all in your head.

You’re not Vincent Price, you’re Vincent Malloy.

You’re not tormented or insane, you’re just a young boy.”

“You’re seven years old, and you’re my son,

I want you to get outside and have some real fun.”


Her anger now spent, she walked out through the hall,

While Vincent backed slowly against the wall.

The room started to sway, to shiver and creak.

His horrid insanity had reached its peak.


He saw Abercrombie his zombie slave,

And heard his wife call from beyond the grave.

She spoke from her coffin, and made ghoulish demands.

While through cracking walls reached skeleton hands.

Every horror in his life that had crept through his dreams,

Swept his mad laugh to terrified screams.


To escape the madness, he reached for the door,

But fell limp and lifeless down on the floor.

His voice was soft and very slow,

As he quoted The Raven from Edgar Allan Poe,

“And my soul from out that shadow that lies floating on the floor,

Shall be lifted – Nevermore!

10/07/2011 (7:00 am)

Taxi por dos cuadras

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Para los que no andamos con un smartphone encima todo el día, perderse en una ciudad chica es posible. Cualquier lugar nuevo es desconocido, y no hay google maps que te salve si no te imprimiste un mapa antes de salir. Eso hace que salir a buscar un lugar, incluso teniendo la dirección, pueda ser una tarea complicada en lugares poco concurridos.

Por suerte siempre hay algún taxi que te salva. Medio dormido, entre bostezo y bostezo, con algo de suerte el tachero te ve hacerle señas antes de pasarte por encima. No importa que lleves dos cuadras haciendo señas, si clava los frenos y no te pisa tenés la mejor guía para ir a cualquier calle en la ciudad.

Buscar un taxi estando perdido en una ciudad chica tiene sus desventajas también, por ejemplo el desconocimiento de las distancias. Recordemos que en una ciudad chica no es nada raro que el destino buscado en realidad esté en un radio inferior a las tres cuadras. Uno puede notar esta situación fácilmente, sólo alcanza subir al taxi, ver al conductor activar el reloj para luego acelerar a fondo una cuadra y clavar los frenos a la siguiente.

El procedimiento a seguir en estos casos es muy simple, se debe esperar en el recinto del auto pacientemente unos segundos, abonar la tarifa marcada y antes de salir dejar de regalo el resultado de haber comido guiso de lentejas al mediodía. Procurar un clima frío para mejores resultados.

(Basado en hechos reales)

 

09/02/2011 (7:00 am)

Thomas Dolby, She Blinded me with Science

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Este tiene que ser el video del 2011

09/10/2010 (7:00 am)

Experiencias hexápodas

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Hasta donde llega la adicción de un hombre? Que sacrificios está dispuesto a realizar, en pos de calmar los monstruos que acompañan el delirium tremens? La falta de café es terrible, en particular los lunes por la mañana. Peor aún es cuando la esperada dosis de oro negro no falta, está a la vista pero inalcanzable.

En la oficina la máquina de café se caracterizaba por su funcionamiento intermitente. No es ninguna sorpresa, todos esos equipos automágicos tienden a ser bastante frágiles, a requerir mantenimiento, a ser bastante sucios. Claro, uno esperaría una tasa de servicio superior a dos cafés por reparación pero ninguna máquina es perfecta, verdad?

La adaptación a un cronograma de funcionamiento irregularmente similar al del subte de Buenos Aires si bien tortuosa, no fue imposible. Se llegó a un equilibrio, una tensión estática con regular mantenimiento matutino, que junto con otro temprano por la tarde aseguraban un flujo uniforme de materia prima en la oficina.

Poco duró la armonía cuando la máquina de café, ahora en funcionamiento casi regular, sufrió una invasión de cucarachas. Aunque esperar el café mirando cucarachas bebé pasearse por el display servía de distracción, generaba serias dudas sobre la calidad de la poción tónica que uno estaba a punto de ingerir.

Los más cobardes claudicamos ante las primeras expediciones de avanzada del hexápodo invasor, algunos con mayor tolerancia a los insectos y menor tolerancia a la falta de café decidieron seguir usándola, pero fue cuestión de tiempo hasta que comenzó a circular el rumor de que el ejercito enemigo había llegado hasta el molino. Era cuestión de tiempo, cómo al final ocurrió, encontrar un vaso de café con condimento adicional, quizás alguna pata mal triturada.

A los pocos días el mantenimiento, para entonces ya más esporádico, terminó por ser completamente suspendido. El reemplazo no se hizo esperar, diez mil pesos a la basura, deprecados por un nescafé.

No tuvimos más problemas de mantenimiento.

08/23/2010 (7:00 am)

Dejemos algo en claro

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Es una verdad por todos reconocida, y sería redundante explicar, lavar los platos es una tarea odiosa. Puede que algún día el ser humano se vea libre del yugo que representa devolver el lustre a la antigua vajilla de la abuela luego de una parrillada llena de grasosas achuras, un breve período que comprenderá desde la invención de robots mayordomos hasta el consecuente e inevitable levantamiento robot que le seguirá, pero hasta que esos dichosos años nos alcancen pido un favor al resto de la humanidad: por favor NO me apilen los platos.

Ya se, una pila es cómoda, si, es cierto, ahorra lugar. Pero cuando me apilan los platos me veo obligado a lavar la parte de arriba Y la de abajo, 50% de trabajo adicional e innecesario. Por favor, eviten esta mala costumbre que plaga las cocinas del mundo por igual.

11/19/2009 (7:00 am)

Burn

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A veces llego a casa demasiado quemado, con la cabeza en cualquier lado. Tan cansado que, literalmente, no puedo terminar un juego de sudoku (ni en el más fácil). Es en estos momentos cuando aprovecho a terminar los trabajos prácticos de la facultad.

thestupiditburns

11/15/2009 (7:00 am)

Traumas de la niniez

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El otro día, revolviendo el baúl de la Interné, encontré un video muy copado de Bugs Bunny. Recuerdo haber visto ese capitulo de chico, el monstruo naranja siempre me pareció simpático en la tele pero aterrador cuando lo imaginaba parado en una oscura esquina de la habitación por la noche.

Un poco decepcionante verlo de grande, principalmente porque una vez acostumbrados a la voz de un personaje en castellano se vuelve parte de la memoria y no se puede reemplazar ni siquiera por la original, aún si la original es incluso mejor ya no es el mismo conejo amanerado de antes.

10/14/2009 (9:24 am)

Recursividad explicada

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Lo primero que uno hace con un teléfono roto es tratar de arreglarlo, ¿no? Más allá del impulso consumista que está de moda y hace que mucha gente vea un teléfono roto como excusa para comprar uno nuevo, más caro y con más siglas cuidadosamente diseñadas para impedir la comunicación, uno esperaría que al adquirir uno de esos aparatos con forma de cucaracha esté realizando una compra con algo de durabilidad, con la posibilidad de reparar el equipo en caso de ser necesario.

Esperaría es la palabra clave, incompetencia es la dificultad con la que me encontré al tratar de arreglar el mío, un teléfono no muy viejo y que, según cordialmente me informaron al llamar, puede ser reparado en cuestión de horas por un precio de 80 pesos, materiales y mano de obra incluidos. Peor aún, las dificultades técnicas son salvables, la inutilidad de la persona que me atendió es más difícil de sobrellevar. La conversación fue más o menos así:

- Buenas tardes
- Hola. Llamé hace un rato, vengo a dejar este teléfono
- Ah, el del auricular roto. Si, ningún problema
- ¿A qué hora lo paso a buscar?
- Mirá, el técnico tiene bastante trabajo hoy, no te puedo dar una hora exacta y no sé si va a poder ser hoy tampoco
- OK. ¿Cómo me entero cuando, entonces?
- Me lo dejás y cuando esté yo te llamo, ¿Dale?
- Va a ser difícil… te estoy dejando mi teléfono, ¿cómo me vas a llamar?
- Jajaja, no, no, el chip te lo llevas. Lo ponés en otro teléfono y listo
- Si estoy arreglando este teléfono es porque no tengo otro
- Ah, buen punto… ¿no me podés dejar un número de línea?
- No tengo número de línea
- Ah bueno. Hagamos algo, dejame el número de un amigo, yo lo llamo a él y que te llame cuando esté
– ¿Pero cómo me va a llamar mi amigo, si no voy a tener teléfono?
- ¿No le podés dejar otro número de celular para que te ubique?
- …

Terminé por agradecer la amabilidad pero “prefiero pasar un día con menos trabajo, hasta luego”. La recursividad argumentativa de la situación me hizo sentir en un sketch cómico y la única opción que me quedó fue seguir con un teléfono roto, que hoy duerme en un cajón con mensajes guardados que espero poder volver a leer alguna vez.

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